Cuando las garantías pasan por desproteger al otro, la otra cara del maltrato masculino

España en un Estado Social y Democrático de Derecho. O eso dice la constitución. En la práctica, se establece que se deben proteger a todas aquellas personas o grupos vulnerables de nuestra sociedad. A la vez que se consigue, de forma efectiva, una protección para el resto. ¿Pero es esto cierto? Veamos como el sistema responde a dos situaciones de maltrato casi idénticas, salvo en el género de la víctima.

Ante una situación de maltrato, se instauró un agravante, el de género, que hacía distinciones entre las víctimas. Incluso de forma procesal. Si eres una mujer y denuncias un maltrato, se ponen en marcha los mecanismos de prevención y de protección a la mujer maltratada de forma casi automática. En el caso del hombre, salir con el papel de la denuncia sin que sea obligatorio hacer nada más. E incluso aunque se solicite, la ayuda puede denegarse por no cumplir, a ojo del juez o jueza, los requisitos mínimos. Por mucho que se interponga un parte de lesiones.

¿Son las víctimas de maltrato tan distintas entre sí? Seas una mujer o un hombre maltratado, el calvario por el que se pasa es el casi el mismo; porque eres una víctima. Un ser humano maltratados. Si nuestra sociedad necesita otorgar derechos a determinado colectivo no puede ser a costa de negarlo a otros en casi idénticas condiciones. Debemos trabajar socialmente para conseguir la igualdad efectiva, sin fijarnos en el género de la víctima. Solo en la dolorosa situación de maltrato que ha tenido que vivir.

Si nuestro sistema, nuestros legisladores, tienen miedo de equiparar a mujeres y hombres maltratados por miedo a las consecuencias políticas, no estamos siendo efectivos. En Patón y Asociados, creemos en esa igualdad, y peleamos con ella con una ayuda legal experta desde los tribunales. Para conseguir un efectivo cambio a mejor para los hombres maltratados. Si entendemos a las víctimas como personas, estaremos un paso más cerca de la igualdad real para todos.

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Un hombre nunca puede ser una víctima, según nuestra sociedad