De la invisibilidad al desamparo: ¿y el principio de igualdad?

Tal y como el CIS sacó a relucir, el hombre maltratado –psíquica y físicamente– es una realidad que pocos se atreven a dar a conocer. Se trata de una situación totalmente invisible de cara a la sociedad. La vergüenza o el miedo impiden hacerlo. Pero también el desamparo en que se ven una vez expuestos:

Es evidente que el número de maltratos a mujeres es mayor al de hombres. Pero, ¿debería ser tratado diferente dependiendo del sexo? Existen también casos de hombres con lesiones y fracturas a manos de mujeres, sin embargo, la Ley contra la Violencia de Género sólo habla de las agresiones por parte del hombre hacia las mujeres. La situación opuesta no se contempla, por lo que los hombres que padecen esta situación no son protegidos igual, aunque se den las circunstancias de sometimiento, desprecio y subyugación. Simplemente, no se toma en cuenta.

Y es que la violencia de género “goza” de una pena superior a la violencia doméstica. Una mujer tendrá más credibilidad que un hombre a la hora de denunciar malos tratos. El hombre deberá aportar pruebas mucho más minuciosas. Sin olvidar que si la víctima de los maltratos es mujer, el acto será calificado de delito. Si es hombre, se calificará como falta (por lo que el “castigo” será una multa).

La sociedad está empapada de una sensibilidad muy fuerte a la hora de proteger a la mujer de este tipo de actos tan lamentables. Pero dichos actos deberían ser considerados de igual gravedad cuando la víctima es de sexo masculino.

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